
Argentina está considerada, en el ámbito de la cocina internacional, como uno de los países con mayor riqueza y personalidad definida dentro del conjunto. Pero, de manera paralela, las mesas argentinas son resultado de una equilibrada y creativa influencia de otras culturas, entre las que juega un papel especialmente importante la cocina italiana.
Los argentinos han incorporado a su día a día, además de numerosos platos de la cocina italiana, esa consideración del momento de sentarse a comer como un acto social que va mucho más lejos de la mera necesidad de nutrirse. También es importante, para explicar su papel dentro de la cocina internacional, reparar en la riqueza y producción de materias primas esenciales para la gastronomía como carnes y cereales (trigo, maíz), leche o poroto, por ejemplo.
Precisamente esa ingente producción de trigo hace que hayan encajado muy bien en Argentina algunos de los platos estrella de la cocina italiana, ya que tienen en la harina de trigo la base de su elaboración. Por eso, pizzas y pastas frescas son habituales en los fogones argentinos, dejando de considerarse cocina internacional, para convertirse en pilares de la dieta nacional.
Otra de las grandes influencias de la cocina internacional que se ha incorporado a los paladares argentinos, sin mayores problemas, es la de los helados. No hay menú que se precie que no termine con una buena porción de helado, en la más pura tradición de la cocina italiana, en cualquiera de sus variantes de sabores, aunque hay una preferencia por el de dulce de leche.